La Bibliografía

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Presentación

“La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma”

J. L. Borges

 

Una vez más la selección de textos consigue objetar la consistencia de la Biblioteca Universal, introduciendo el recorte indecidible, la sección que descompleta y la omisión irefutable.

Esta bibliografía toma la guía del Índice razonado que J.-A. Miller formula encomendado por J. Lacan para los Escritos. Por eso persigue el concepto y no las palabras, distinción que fundamenta la selección de las citas más oportunas para nuestras 30° Jornadas. Por ejemplo, habrá que distinguir en la Obra de S. Freud la doxa sobre las mujeres –más o menos embebida de su época– y la doctrina sobre la posición femenina con respecto al deseo y el goce.

La lectura ensaya pasar el texto a lo actual, en una imposible reproducción del original. Por tanto la selección de citas será acuñada desde nuestra accidentada agenda. Así nos distanciamos de la superstición de pensar que eso ya estaba dicho. La propuesta entonces es “volver a situar la palabra en el contexto de su tiempo” ¹ para traerla a la medida de nuestra conversación.

La referencia lacaniana siempre hunde sus raíces en las profundidades del gusto, por eso los recortes de la cultura tienen su lugar en una sección titulada Citas fuera de… la literatura psicoanalítica.

En el mejor de los casos, los escribas que participen, tendrán ocasión de afilar, en su propia formación los fundamentos lacanianos del tema, y los lectores, producidos por este mismo ejercicio, encontrarán un reducto propicio para escribir por inspiración o guiados por el espíritu de la discusión.

Pilar Ordóñez
(Directora de equipo)

1. Lacan, Jacques. La cosa freudiana o sentido de retorno a Freud en psicoanálisis, Escritos 1. Buenos Aires: Ed Siglo XXI, 1988. p. 384

Bibliografía se orienta por algunos conceptos lectores que recortamos del argumento de las 30J. De cada subtítulo hemos elegido dos o tres sintagmas. Basta con cliquear sobre ellos para descubrir un conjunto de citas que servirán al ejercicio de la discusión y la inspiración de próximos trabajos.

 

Próximamente

 

Lo femenino lacaniano

Lo femenino es una noción forjada por J. Lacan, luego de un recorrido que partió de S. Freud y no se detuvo en él. Freud llamó “rechazo de lo femenino” a la “roca” con la que se chocaba el final de análisis de todo ser hablante. Lacan elucidó este impasse freudiano, llevando al psicoanálisis al campo del goce: más allá del Edipo, del falo, del padre

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lo femenino

Sigmund Freud, (1926) “Pueden los legos ejercer el Psicoanálisis”, Obras completas, vol. XX, Buenos Aires: Amorrortu editores, 1978, p. 199.

 

“Acerca de la vida sexual de la niña pequeña sabemos menos que sobre la del varoncito. Que no nos avergüence esa diferencia; en efecto, incluso la vida sexual de la mujer adulta sigue siendo un dark continent {continente negro} para la psicología”.

 

 

Jacques Lacan, (1967- 1968) Seminario 15, El acto psicoanalítico, “Clase del 21 de Febrero de 1968”, inédito.

 

“Que nosotros sabemos muy bien que el goce femenino queda afuera. No sabemos ni una palabra sobre el goce femenino; sin embargo no es una cuestión reciente; hubo ya un cierto Júpiter, por ejemplo, sujeto supuesto saber, de eso no sabía. Le preguntó a Tiresias. Cosa formidable: ¡Tiresias sabía mucho más! Sólo cometió un error, decírselo; como ya saben, perdió la vista.

Ya ven que esas cosas están inscriptas desde hace mucho tiempo en la realidad, en los márgenes de cierta tradición humana. Pero en definitiva, quizás convendría también darnos cuenta para comprender bien; y por otra parte lo que hace legítima nuestra intrusión en la lógica en lo que concierne al acto psicoanalítico, es además que es lo que tiene que englobar nuestra burbuja; no es por cierto reducirla a nada el calificarla de burbuja, si es allí́ donde se ubica todo lo que pasa por sensato, inteligible e incluso insensato, pero en definitiva convendría saber dónde se ubican las cosas, por ejemplo en lo que respecta al goce femenino. Resulta muy claro que ha sido completamente dejado fuera del campo”.

 

 

Jacques Lacan, (1971- 1972) El Seminario, Libro 19, … o peor, Buenos Aires: Paidós, 2012.

 

“Clase VII: La partenaire desvanecida”

“Lo universal sólo hace surgir para la mujer la función fálica, en la que ella participa, como ustedes saben – tal es la experiencia, demasiado cotidiana, por desgracia, como para que no vele la estructura-. Pero ella solo participa allí́ queriendo arrebatársela al hombre, o bien, Dios mío, imponiéndole el servicio, en el caso, … o peor , viene al caso decirlo, de que ella se lo devuelva. Pero eso no universaliza a la mujer, aunque solo sea porque la raíz del no toda es que ella esconde un goce diferente del goce fálico, el goce llamado estrictamente femenino, que no depende en absoluto de aquel”. (p.101)

 

Jacques Lacan, (1972- 1973) El Seminario, Libro 20, Aun, Buenos Aires: Paidós, 2012.

 

“Clase VI: Dios y el goce de ð Mujer”

“…si la naturaleza de las cosas la excluye, por eso justamente que la hace no toda, la mujer tiene un goce adicional, suplementario respecto a lo que designa como goce la función fálica.

Notaran que dije suplementario. ¡Dónde estaríamos si hubiese dicho complementario! Hubiésemos ido a parar otra vez al todo”. (p. 89)

 

“Estas jaculaciones místicas no son ni palabrería ni verborrea; son, a fin de cuentas, lo mejor que hay para leer -nota a pie de página: añadir los Escritos de Jacques Lacan, porque son del mismo registro. Con lo cual, naturalmente, quedarán todos convencidos de que creo en Dios. Creo en el goce de la mujer, en cuanto está de más, a condición de que ante ese de más coloquen una mampara hasta que lo haya explicado bien.

A fines del siglo pasado, en la época de Freud, había mucha gente, honesta por demás, en torno a Charcot y a otros, que buscaba afanosamente reducir la mística a un asunto de puro joder. Pero todo bien mirado, la cosa no es así. Ese goce que se siente y del que nada se sabe ¿no es acaso lo que nos encamina hacia la ex-sistencia? ¿Y por qué́ no interpretar una faz del Otro, la faz de Dios, como lo que tiene de soporte al goce femenino?”. (pp. 92-93)

 

 

Jacques-Alain Miller, La fuga del sentido, Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 200.

 

“Es como para reconsiderar lo que Lacan aportó sobre la sexualidad femenina, aporte que a menudo se extrae de su elaboración que se considera de manera aislada, mientras que está en el camino de resolver cómo, a partir del goce del Uno, hay Otro. Allí toma su sentido lo que propuso en los buenos tiempos del feminismo emergente y triunfante. Para apreciarlo en su justo lugar hay que reinscribirlo en esta elaboración”.

 

 

Jacques-Alain Miller, “¿Qué es lo real?”, Mediodicho 45 La pesadilla, Córdoba: Publicación de la EOL Sección Córdoba, 2019, p. 22.

 

“Pues bien, considero que aquello que le abrió la puerta a ese muy último tramo de la enseñanza de Lacan, aquello que le permitió ir más allá del campo que él mismo había abierto y circunscrito, pensar de veras contra Lacan, tomar la posición contraria a la que había argumentado durante más de veinte años, es lo que él designa el goce femenino. Es por aquí que Lacan se despegó con esfuerzo de sí mismo.

Si retomamos esa cuestión del goce femenino ¿qué entendemos? En primer lugar, es muy probable, que su régimen es fundamentalmente distinto del que corresponde al goce del hombre. Se trataría, por consiguiente, de un binarismo: la mujer tendrá el goce femenino y el hombre tendrá el masculino; distinguimos uno de otro comparándolos entre sí: para uno tal cosa, para otro, tal otra.

Pues no, justamente no es así. Por cierto, en un primer momento Lacan discernió lo específico del goce femenino respecto del goce masculino. Lo hizo en la serie de sus Seminarios XVIII, XIX, XX y en su Escrito titulado “El atolondradicho”. Pero hay un segundo tiempo, su planteo no se detuvo allí. Aquello que llegó a entrever por el sesgo del goce femenino, lo generalizó hasta transformarlo en el régimen del goce como tal. Digamos que siguiendo la vertiente del goce femenino, Lacan apreció cuál era el régimen del goce como tal; apreció que hasta entonces había sido pensado siempre en psicoanálisis desde el lado masculino, en tanto la puerta de su última enseñanza viene a abrirse con la concepción del goce femenino como principio del régimen del goce como tal”.

rechazo de lo femenino

Sigmund Freud, (1937) “Análisis terminable e interminable”, Obras completas, vol. XXIII, Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1980, pp. 253-254.

“Pero de ahí uno aprende que no es importante la forma en que se presenta la resistencia, si como transferencia o no. Lo decisivo es que la resistencia no permite que se produzca cambio alguno, que todo permanece como es. A menudo uno tiene la impresión de haber atravesado todos los estratos psicológicos y llegado, con el deseo del pene y la protesta masculina, a la «roca de base» y, de este modo, al término de su actividad. Y así tiene que ser, pues para lo psíquico lo biológico desempeña realmente el papel del basamento rocoso subyacente. En efecto, la desautorización de la feminidad no puede ser más que un hecho biológico, una pieza de aquel gran enigma de la sexualidad”.

 

 

Sigmund Freud, (1918 [1917]) “El tabú de la virginidad”, Obras completas, vol. XI, Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2001, p. 194.

 

“Toda vez que el primitivo ha erigido un tabú es porque teme un peligro, y no puede negarse que en todos esos preceptos de evitación se exterioriza un horror básico a la mujer. Acaso se funde en que ella es diferente del varón, parece eternamente incomprensible y misteriosa, ajena y por eso hostil”.

 

 

Miquel Bassols, Lo femenino, entre centro y ausencia, Buenos Aires: Grama, 2017, p. 34.

 

“Hay pues un desplazamiento que Freud opera desde la protesta masculina, la reivindicación fálica del lado del hombre, hacia el rechazo de la feminidad, una suerte de desautorización de lo femenino, término que sería el más adecuado para ambos sexos. (…) La reivindicación fálica toma en la mujer la forma del penisneid, y en el hombre toma la forma del temor a la castración. Pero una y otra son leídas finalmente por Freud como desautorización.

Lo femenino aparece ya aquí como el Otro lado (…) de la posición fálica, de la protesta masculina. En Freud este Otro lado de la posición fálica quedó nombrado en cierto momento como el famoso “continente negro” de la feminidad, como un espacio desconocido, como un enigma indescifrado, como la eterna incógnita de lo femenino”.

 

 

Jacques-Alain Miller, “El secreto de las condiciones de amor”, Del Edipo a la sexuación, Buenos Aires: ICdeBA-Paidós, 2011.

 

“Encuentran con esta forma precisa el tabú general de la mujer formulado por Freud: Se podría decir que la mujer; enteramente, es tabú. El enunciado hay un tabú general de la mujer es un hito en el camino del no hay relación sexual de Lacan, y Freud atribuye su fundamento a los primitivos.(…) la mujer es Otra que el hombre; es decir, a ese pobre primitivo le parece incomprensible, llena de secretos, extranjera y enemiga”. (p. 24)

 

“En el momento en que Freud evoca la hostilidad fundamental de la mujer respecto del hombre, no está de ningún modo en su concepción formular un tabú general del hombre. Por el contrario, si se pueden oponer el hombre y la mujer, en esta oportunidad es como lo Mismo y lo Otro -para utilizar los recursos que encontramos en Platón-. No es que el hombre sería a su vez Otro que la mujer, sino, por el contrario, que el hombre es lo Mismo mientras que la mujer es lo Otro”. (p. 25)

más allá del Edipo, del falo y del Padre

Jacques Lacan, (1968- 1969) El Seminario, Libro 16, De un Otro al otro, Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 292.

 

“Clase XX: Saber goce”

“Y, en efecto, en cierto sentido lo es, pero fíjense que esto no indica más que el lugar donde hay que situar el goce que acabo de definir como absoluto. El Padre primordial del mito es el que confunde a todas las mujeres en su goce. La forma mítica dada al enunciado ya indica bastante por sí sola que no se sabe de qué goce se trata. ¿Es el del Padre o el de todas las mujeres? Solo que el goce femenino siempre permaneció en la teoría, como también les hice notar, en estado de enigma analítico”.

 

Jacques-Alain Miller, “El estatuto de lo real”, Revista Freudiana 63, Barcelona: ELP, 2011, p. 23.

 

“Es precisamente porque Lacan pudo pasar más allá de la problemática de la interdicción, que pudo despejar el goce femenino como tal, es decir, dejar de centrarlo en el Penisneid, una función negativa por excelencia. Lo designado por Lacan como este goce especial, reservado a la mujer, es precisamente la parte que existe sin quedar sometida a la interdicción, sin quedar tomada en el sistema interdicción recuperación y su Aufhebung, sistema que ya sabemos dónde conduce en general”.

 

Jacques-Alain Miller, “¿Qué es lo real?” Mediodicho 45 La pesadilla, Córdoba: Publicación de la EOL Sección Córdoba, 2019.

 

“Por otro lado el Edipo freudiano está centrado por Lacan en una prohibición destinada a elevar y sublimar. Lo que el Edipo impone de prohibición al goce está hecho para permitir que se acceda a ese goce de modo legítimo. Pues bien, es toda esta construcción extremadamente cerrada (…) toda esta construcción que tropieza y vacila es sobre la que Lacan aisló esa parte del goce femenino que es un puro acontecimiento del cuerpo y que no es susceptible de Aufhebung. (pp. 25-26)

 

“Ese es el continente que Lacan ha explorado, el continente del goce femenino; lo ha puesto en evidencia, lo ha pregonado. Pero hay que decir que más adelante, en su “muy última” enseñanza, al explorar el más allá del Edipo, no reserva más ese más allá para sólo beneficio de la mujer. En el fondo, la “muy última” enseñanza de Lacan, dice que el “para todo x, φ de x” es también la ley a la que responde como tal el ser hablante.

Lacan ha ideado esta ley en un principio a partir de la mujer y es lo que ha permitido seguidamente que todo en el goce no obedece, si puedo decirlo así, al esquema freudo-hegelianos. Pero es porque generalizó la fórmula del “no todo x, φ de x” que ha podido despejar algo que llamó el sinthome, indicado aquí como ∑”. (p. 28)

 

Jacques-Alain Miller “Una reflexión sobre el Edipo y su más allá”, El caldero de la Escuela N° 21 Nueva serie, Buenos Aires: EOL, 2013, p. 2.

 

“Después del Edipo es Edipo puesto en su lugar, el Edipo freudiano enmarcado, captado, con sus límites. Sabemos a dónde desembocará Lacan: dirá que el padre es un sinthome y que el Edipo no sabía dar cuenta de la sexualidad femenina. Pero eso, el Lacan de El deseo y su interpretación, no lo dice aún. Está sobre el camino que lo conducirá a decirlo y a abrir un más allá del Edipo”.

 

Jacques-Alain Miller, “Breve introducción al más allá del Edipo”, Del Edipo a la sexuación, Buenos Aires: ICdeBA-Paidós, 2011, p. 22.

 

“Más allá del Edipo no entran los nombres del padre, ni La Mujer, ni el hombre enmascarado. No entran, más allá del Edipo, sabios, héroes, ni víctimas, ni vencidos”.

 

Fuera de género

El Nombre-del-padre, sobre el cual se apoyaba el binario hombre-mujer, “se evaporó”, la multiplicidad de géneros ingresó al campo de la sexualidad. El género no es un concepto del psicoanálisis, no se cuenta entre sus shibbólet. El discurso analítico nos permite despejar la lógica de multiplicación significante, allí en juego, que es un sello de su marcha. La cultura inspira técnicas de vida emanadas de su malestar, una de ellas, que no pierde vigencia, es la de clasificar. ¿Cómo participa el género en ello?

Fuera de es un puente roto entre lo femenino y el género. Una expresión lacaniana que introduce un nuevo espacio, ni interior ni exterior, que alude a otra topología.

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Hombre/mujer

Jacques Lacan, (1960) “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina”, Escritos 2, Buenos Aires: Siglo XXI, 2011, p. 695.

 

“El hombre sirve aquí de relevo para que la mujer se convierta en ese Otro para sí misma, como lo es para él”. 

 

Jacques Lacan, (1962-63) El Seminario, Libro 10, La angustia, Buenos Aires: Paidós, 2007, p. 200.

 

“La mujer demuestra ser superior en el dominio del goce, porque su vínculo con el nudo del deseo es mucho más laxo. La falta, el signo menos con el que está marcada la función fálica para el hombre, y que hace que su vínculo con el objeto deba pasar por la negativización del falo y el complejo de castración -el estatuto del (-φ) en el centro del deseo del hombre-, he aquí algo que no es para la mujer un nudo necesario”. 

 

Jacques Lacan, (1971) El Seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Buenos Aires: Paidós, 2014, pp. 155-156.

 

“Tal es en efecto el problema que parecen enfrentar todos los rituales de iniciación. Estos comprenden lo que llamaremos manipulaciones, operaciones, incisiones, circuncisiones, que apuntan y ponen su marca precisamente en el órgano que vemos funcionar como símbolo en lo que nos presenta la experiencia analítica, y que va mucho más allá del privilegio del órgano, ya que es el falo – por cuanto es respecto de este tercero como se ordena todo lo que pone en un atolladero al goce, y hace del hombre y la mujer, en la medida en que los fijaríamos con una simple definición biológica, estos seres que están especialmente en dificultades con el goce sexual entre todos los otros goces”.

 

Jacques Lacan, “R.S.I Clase del 11/02/1975”, Revista Lacaniana, 28, Buenos Aires: Grama, 2020. p. 15.

 

“Categorías como la del poder o la del saber nos fascinan mucho. Pero son tonterías, unas tonterías que dejan lugar a las mujeres, quienes no se preocupan por ello, pero cuyo poder supera sin medida todas estas categorías del hombre. ¿Acaso las mujeres pueden, o deben, intentar una especie de integración en las categorías del hombre? Lo que yo digo no apunta para nada en esa dirección. Ellas saben al respecto tanto más por el solo hecho de ser mujeres. No es tanto que ellas sepan tratar mejor el inconsciente -no estoy muy seguro de eso-, sino que su categoría tiene, sin duda, una fuerza mayor en relación con el inconsciente. Se enredan menos con él”. 

 

Jacques-Alain Miller, El ultimísimo Lacan, Buenos Aires: Paidós, 2013, p.230.

 

“De hecho toda la enseñanza de Lacan respira esto, que el macho no sabe cómo comportarse, especialmente con las mujeres, pero que por el contrario las mujeres pertenecen al orden de esas cosas que saben comportarse. En todo caso, ellas tienen muchas más chances que el macho de escapar al delirio, si no al extravío. Los hombres tendrán el delirio y las mujeres el extravío”. 

Se evaporó

Jacques Lacan, (1968) “Nota sobre el padre”, Revista Lacaniana, 20, Buenos Aires: Grama, 2016, p. 9.

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“Creo que hoy en día, el rastro, la cicatriz de la evaporación del padre, es algo que podríamos poner bajo la rúbrica y el título general de la segregación”. 

Fuera de (cuerpo, sexo, sentido)

Jacques Lacan,  (1972) “El atolondradicho”, Otros escritos, Buenos Aires: Paidós, 2016, p. 490.

 

     “Es: que por introducirse como mitad que decir de las mujeres, el sujeto se determina porque, no existiendo suspensión de la función fálica, todo puede decirse de ella, aun lo proveniente de la sinrazón. Pero es un todo fuera de universo, que se lee de inmediato con el cuantor como notodo

     El sujeto en la mitad en la que se determina a partir de los cuantores negados, en la medida en que nada existente hace límite a la función, no podría por ello asegurar lo que sea de un universo. Así, al fundarse con esta mitad, “ellas” notodas son, y en consecuencia y por ello mismo, ninguna tampoco es toda”. 

 

Jacques Lacan, (1974) “La tercera”, Revista Lacaniana, 18, Buenos Aires: Grama, 2015, p. 30.

 

“Así como el goce fálico está fuera-de-cuerpo, el goce del Otro está fuera-de-lenguaje, fuera-de-simbólico.

A partir de esto, es decir, a partir del momento en que captamos lo que el lenguaje tiene – ¿cómo decirlo?- de más vivo o de más muerto, a saber, la letra, sólo a partir de eso tenemos acceso a lo real”. 

 

Jacques-Alain Miller, El partenaire-síntoma, Buenos Aires: Paidós, 2008, p. 413.

 

“Del mismo modo, podemos representar del otro lado el goce femenino por el no-todo. También debo representar la ausencia de este punto suplementario y encontraremos, en efecto, la estructura diferente y bien conocida del orgasmo femenino, con su modalidad en fases y potencialmente, si no infinito, al menos escalonado. Aquí no encontramos el punto “fuera del cuerpo” como en el hombre, porque el cuerpo mismo se convierte en “fuera del cuerpo”. El goce está contenido en el cuerpo propio, salvo que este cuerpo propio es otro para el sujeto, y que está sujeto, precisamente, a cierto número de fenómenos extraños, de fenómenos de apertura y de ilimitación”. 

 

Eric Laurent, El reverso de la biopolítica, Buenos Aires: Grama, 2016, pp.75-76.

 

“Una mujer puede constituir un síntoma para otro cuerpo, ya que es el lugar de un goce Otro, que no es el de ese otro cuerpo. Esto vale para no todas las mujeres, ya que una mujer es enigma (Otra para sí misma) a descifrar. Este desciframiento no pasa por la inteligencia de la Idea de lo femenino, sino por la lectura del síntoma que ella encarna en cuanto mujer como condensación de goce fuera de cuerpo para otro cuerpo que no es el suyo”. 

 

Marie-Hélène Brousse, “Fuera del sexo. Ampliación del campo de la madre”, Lo femenino, Buenos Aires: Tres Haches, 2020, pp. 143-144.

 

“No hay definición de ser hombre o ser mujer fuera del lenguaje, ni hay un instructivo para ser un hombre o una mujer por fuera del discurso, discurso en el cual nos bañamos, nos tambaleamos, del que somos efecto. La única posibilidad de separación de la lógica del discurso se obtiene por la aparición de nuevas coordenadas “vía” la emergencia de otro discurso, minoritario”.

Del Otro de las clasificaciones al Uno-del-cuerpo

Desde la perspectiva lacaniana, tanto el binario clásico hombre-mujer, como la interminable lista de géneros que el Otro del lenguaje nos ofrece, son significantes, semblantes, intentos fallidos de simbolizar lo real del sexo. Lacan propone dilucidar este fracaso del lenguaje poniéndolo en relación con el goce del cuerpo. En los años 70, aborda la cuestión de la diferencia sexual de una manera distinta respecto de las otras disciplinas, y también respecto del propio psicoanálisis, cuando traslada lo sexual: del campo del Otro del lenguaje y sus clasificaciones, al campo lacaniano del goce.

Con sus “fórmulas de la sexuación, Lacan distingue dos lados, marcados por dos lógicas: la universal del Todo-fálico y la del No-todo. Con dos regímenes de goce: el fálico y el femenino. El goce femenino, “suplementario” del fálico (y no complementario), no es simbolizable, no puede medirse, no respeta límites. Los cuerpos de los seres hablantes se distribuyen en esos dos lados, independientemente de su anatomía y género.

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Uno-del-Cuerpo

Jacques-Alain Miller, “Tener un cuerpo”, Revista Lacaniana de Psicoanálisis, Año IX, número 17, noviembre 2014, p. 44.

“Lo que viene al primer plano con el primado del Uno es el goce, el goce del cuerpo que llamamos el cuerpo propio y que es el cuerpo del Uno. Se trata de un goce que es primario, en el sentido de que no es más que secundario el que sea objeto de una interdicción, y Lacan llegó hasta el punto de sugerir que era la religión la que proyectaba sobre el goce una interdicción que Freud había ratificado”.

 

Jacques Lacan, (1970) “Radiofonía”, Otros escritos, Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 432.

“El conjunto vacío de las osamentas es el elemento irreductible con el que se ordenan, entre otros elementos, los instrumentos del goce, collares, cubiletes, armas: subelementos más para enumerar el goce que para hacerlo entrar en el cuerpo”. 

 

Jacques Lacan, (1971-72) El Seminario, Libro 19, …o peor, Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 124.

“Clase IX: En el campo de lo uniano”

“So pretexto de que el cuerpo es evidentemente una de las formas del Uno, de que se mantiene unido, de que es, salvo accidente, un individuo, el Uno es promovido por Freud. Esto pone en tela de juicio la diada de Eros y Tánatos propuesta por él. Si esta diada no estuviese sostenida por otra figura, que es precisamente aquella en la que fracasa la relación sexual, a saber, la del Uno y el No-uno -o sea, cero-, mal se ve qué función podría tener esta asombrosa pareja. Es innegable que sirve, en favor de algunos malentendidos, como enlace de la pulsión de muerte, así llamada a tontas y a locas. A pesar de ese discurso salvaje que se instituye por la tentativa de enunciar la relación sexual, es estrictamente imposible considerar que la copulación de dos cuerpos haga de ellos uno solo”. 

 

Eric Laurent,  El reverso de la biopolítica, Buenos Aires: Grama, 2016. 

“La sepultura es una escritura, en la medida en que conjuga en un mismo lugar el cuerpo como vacío o cero con los objetos de su goce que figuran en ella como lleno. En esta escritura sepulcral, el cuerpo se hace ausencia inscrita, en torno a la cual los objetos de goce se disponen y se depositan”. (p. 44)

 

“En “Radiofonía”, Lacan articula goce y cuerpo a partir de la teoría de los conjuntos. Así, la sepultura ya no es ni mediación ni eternización. Permite dar una forma lógica al exceso, del que los objetos de goce son portadores, en su relación con los orificios por los que el goce entra en el cuerpo. (…)

Ya no se trata  de la sutura del sujeto y del significante en más, sino de los instrumentos de goce en más que no pueden suturar el lugar vacío, como tampoco puede hacerlo el significante. Pueden proliferar, constituir una serie, enumerarse, pero no pueden recubrir el lugar del cuerpo. Se articulan con él. Vemos surgir el hiato entre el ser y el Uno. El ser que se sostiene en un cuerpo y el Uno del instrumento de goce que está en exceso respecto del Uno del cuerpo. Sin embargo, están reunidos en un mismo lugar, un mismo “conjunto”, que los yuxtapone como elementos, por muy heterogéneos que sean”. (p. 44).

 

Jacques-Alain Miller,Los seis paradigmas del goce”, El lenguaje aparato de goce, Buenos Aires: Colección Diva, 2000. 

“El Seminario de Lacan declina así el goce Uno. […] Es, primero, la exigencia de situar el lugar del goce sin ningún idealismo, y en ese momento el lugar del goce, como los cínicos se dieron cuenta, es el propio cuerpo. La demostración de Lacan es que todo goce efectivo, todo goce material es goce Uno, es decir, goce del propio cuerpo. Es siempre el propio cuerpo que goza a través del medio que sea. 

Otra versión del goce Uno que Lacan despliega es el goce en tanto está especialmente concentrado en la parte fálica del cuerpo. Evidentemente es posible una dialéctica entre el goce del propio cuerpo y el goce fálico, es decir, especializado, pero si Lacan pone el acento en el goce fálico es en tanto otra figura del goce Uno, del Un-goce. Define este goce fálico como goce del idiota, del solitario, un goce que se establece en la no relación al Otro. […] Tercera figura de Un-goce, hay un goce de la palabra”. (p.177)

 “Goce de la palabra quiere decir que la palabra es goce que no es comunicación al Otro en su fase esencial. Es lo que quiere decir el blablablá, como se expresa, que es el último grado de la calificación peyorativa de la palabra. Blablablá exactamente quiere decir que considerada desde la perspectiva del goce la palabra no apunta al reconocimiento, a la comprensión, que no es más que una modalidad del goce Uno.

Hay un cuerpo que habla. Hay un cuerpo que goza por diferentes medios. El lugar del goce es siempre el mismo, el cuerpo. Puede gozar masturbándose o simplemente hablando. Por el hecho de que habla, este cuerpo no está, sin embargo, ligado al Otro. No está más que enlazado a su propio goce, a su goce Uno”. (p.178)

 “A veces Lacan se interesa por las conexiones de estos diferentes goces. Los opone, define uno en relación al otro. Pero, si se lo mira lúcidamente, el goce-Uno se presenta como goce del propio cuerpo, goce fálico, goce de la palabra, goce sublimatorio. En todos los casos, como tal, no se relaciona al Otro. El goce como tal es goce Uno. Es el reino del Un-goce”. (p.179).

Jacques-Alain Miller, Un-cuerpo”, El ultimísimo Lacan, Buenos Aires: Paidós, 2013.

“En el lugar del Otro, hay un principio de identidad totalmente distinto, el cuerpo. No el cuerpo del Otro sino, como suele decirse, el cuerpo propio.  […]   

Ya que hay que dar algunos nombres para no perderse en esta historia que estamos tratando de contar acerca de estos trozos de real, diría, sobre este cuerpo propio, que es Un-cuerpo”. (p. 107)

“Todo lo que estaba investido en la relación con el Otro está acá replegado sobre la función imaginaria de la relación con el propio cuerpo, del cual hay una idea, idea como de sí mismo, y que Lacan sitúa con la vieja palabra freudiana de ego. […] El ego se establece a partir de la relación con Un-cuerpo. No hay ahí identificación, hay pertenencia, propiedad. No se divide según la modalidad del trozo del rasgo unario, por así decirlo, no apunta al punto de falta del otro sujeto. Sin embargo, tiene que ver con el amor, pero no el amor del padre sino el amor propio, en el sentido del amor del Un-cuerpo.

Ahí nos volvemos a cruzar con la fórmula de Lacan de la página 64 del seminario El sinthome, a saber, “El parlêtre adora su cuerpo”. […] Cuando Lacan insiste en esta propiedad del cuerpo y gira alrededor, dice de este cuerpo que no se lo es sino que se lo tiene. También está la noción de que este tener no es más que una creencia, creencia en tener su cuerpo como si fuese un objeto disponible. Sin embargo, es más del lado del tener que del ser como se plantea el Un-cuerpo. El Un-cuerpo, dice Lacan, es la “única consistencia” del parlêtre”. (p.108)

Diferencia sexual

Jacques Lacan, (1971-72) El Seminario, Libro 19, …o peor, Buenos Aires: Paidós, 2012.

“El discurso analítico nos demuestra que esto tiene por centro, por punto de partida, una relación privilegiada con el goce sexual. El valor del partenaire diferente, al que designé respectivamente mediante el hombre y la mujer, es inabordable para el lenguaje muy precisamente porque el lenguaje funciona originariamente como suplencia del goce sexual. De ese modo ordena la intrusión del goce en la repetición corporal”. (p. 41)

 

“Hablé de valores sexuales. Haré notar que esos valores son valores establecidos -establecidos en todo lenguaje. El hombre, la mujer: a esto llamamos valores sexuales. Que al comienzo estén el hombre y la mujer es ante todo asunto de lenguaje. Esta es la tesis de la que parto hoy.

El lenguaje es tal que para todo sujeto hablante, o bien es él o bien es ella. Esto existe en todas las lenguas del mundo. Es el principio del funcionamiento del género, femenino o masculino”.  (p. 38)

 

Miquel Bassols, “Cherchez la femme”, Lo femenino entre centro y ausencia, Buenos Aires: Grama, 2017.

“La diferencia sexual no es finalmente la diferencia significante, la diferencia con el Otro simbólico, es la diferencia del sexo como goce, del goce como alteridad radical para cada sujeto. En este sentido la desautorización de la feminidad es de hecho un modo de rechazo de la diferencia sexual, diferencia que no tiene inscripción en el aparato psíquico. […]

Me interesa profundizar este término de lo femenino […] que en efecto no es sólo asunto de mujeres. La enseñanza de Lacan llevará hasta el límite las paradojas de la lógica freudiana, y explorará esta terra incógnita de lo femenino con otra brújula que no será finalmente la brújula del significante sino la brújula del objeto a, un objeto que no es significante. Ahí es donde Lacan pasará de la asimetría entre los sexos a la no reciprocidad entre los sexos. De hecho esta no reciprocidad está traducida como “no hay relación sexual”[…]

 Y ahí, en efecto, hay dos posiciones en relación al goce, dos posiciones que no son simétricas ni recíprocas.  El goce que llamamos fálico, que no pasa por el cuerpo, que pasa por el lenguaje. Y el goce no fálico que pasa por el cuerpo, goce femenino y del que, como insiste Lacan, no tenemos representación posible”. (pp.45-46)

“Entonces, cuando hablamos de lo femenino […]Tendremos que recurrir a otra lógica que no es la del significante.  Esa Otra lógica es la que Lacan introduce con la lógica de la letra, una lógica para intentar cifrar algo de este espacio”. (p.47)

Eric Laurent, “Los dos sexos y el Otro goce”, Enlaces 7,  Buenos Aires: Edita ICdeBA, 2002.

 

“El problema no es saber si la igualdad de los sexos frente a la ley natural supone que las niñas tengan un conocimiento precoz de la cavidad vaginal que se supone menos accesible a la masturbación que el “hace-pipí” masculino. Se trata de afirmar que la experiencia psicoanalítica testimonia que hay dos tipos de goce que puede experimentar el sujeto, y solamente dos que pueden calificar al sexo. Primero, el del órgano masculino, marcado por el Uno: “las alas del deseo arrancadas siempre demasiado tempranamente”. Luego, más familiar a las mujeres, un goce que aparece siempre más difusamente, menos localizable en un órgano, y por esto mismo, menos sumiso a la decadencia, susceptible de ser múltiple, envolvente para el sujeto. Si seguimos a Lacan, Freud quiere decir que hay un goce fálico común a los dos sexos y un representante de aquel en un órgano simulacro. Queda un goce Otro, más allá del órgano, que no se acomoda, por la alineación, al símbolo. La castración freudiana, para los dos sexos, enuncia que cada uno debe renunciar a igualarse al sex-simbol para el otro. Por el contrario, más allá del Uno, queda un goce privado de órgano que hace languidecer. Si las mujeres tienen un acceso a él más decidido es porque ellas no tienen “la angustia del propietario”, según las palabras de Jacques-Alain Miller”. (p.5)

 

“Es lo que las autoriza a no ceder sobre la exigencia amorosa. Ellas están listas a dar todo de sí mismas pero a cambio no dejan de exigir “Encore”, mientras que el hombre se contentaría con un “Una vez más”. Sin embargo, no hay que pensar que este Otro goce sería el atributo de un sexo biológico. Ha habido hombres que supieron, a través de una vía original, igualarse a ese “encore”. No se trata de los transexuales operados, sino más bien, de los místicos como San Juan de la Cruz”. (p.6)

Campo lacaniano del goce

Jacques Lacan, (1973-1974) Seminario 21, Los no incautos yerran (Los nombres del padre), inédito. 

“Clase del 21 de Mayo de 1974”

“De lo que hablo es de la distinción que debe hacerse del goce fálico en tanto que en el ser hablante el prevalece y que de allí se hurta toda la función de la significancia que debe hacerse una distinción entre ese goce prevalente en la medida en que constituye obstáculo a lo que tiene que ver con la relación sexual, que debe hacerse una distinción entre ese goce con esto que introduje el otro día, pienso que de manera suficiente, lo que pasaba con el Árbol, el Árbol llamado de la ciencia, de la ciencia del bien y del mal que seguramente el animal se distingue por subsistir no sólo en un cuerpo, sino que ese cuerpo como tal no se identifica, no tiene identidad, no como se dice desde siempre, tradicionalmente, acerca del pensamiento, de ese no sé qué, que por pensar lo haría ser, sino que él goza de sí mismo. Quiero decir que no hay sólo esta apercepción, aprehensión, sensación, presión, tocar, vista o cualquier otro modo de afectación por los sentidos, sino que en tanto el consiste, y consiste en un cuerpo, de lo que se trata es de un goce, y de un goce que de acuerdo con nuestra experiencia encuentra ser de un orden diferente a lo relativo al goce fálico”.

 

“Clase del 11 de Junio de 1974”  

“Que imaginariamente, por tal causa ese goce del que ven que al presentarlo como fálico lo he calificado de manera equivalente como semiótico …, porque evidentemente me parece en todo grotesco imaginar a ese feto en el órgano masculino; al menos así es imaginado en el hecho que revela la experiencia analítica. Signo también ciertamente, de que en ese órgano masculino hay algo que constituye una experiencia de goce que está aparte de los otros. (…) Resulta al menos curioso que sea alrededor de ese órgano que nazca, en fin, un goce privilegiado.

Porque la experiencia analítica nos muestra que alrededor de esa forma grotesca se pone a pivotear esa suerte de suplencia, de suplencia que he calificado como lo que en el enunciado de Freud está marcado por el privilegio, si puede decirse, del sentido sexual, sin que verdaderamente se haya percatado — aunque también esto le cosquilleaba a él y lo entrevió, casi lo dijo en Malestar en la civilización— a saber, que el sentido no es sexual sino porque el sentido sustituye justamente a lo sexual que falta”.

 

Jacques Lacan, (1972-73) El seminario, Libro 20: Aun. Buenos Aires: Paidós, p. 89.

“Clase I: Del goce”

“No deja de ser cierto, sin embargo, que si la naturaleza de las cosas la excluye, por eso justamente que la hace no todo, la mujer tiene un goce adicional, suplementario respecto a lo que designa como goce la función fálica”. 

 

Jacques-Alain Miller, “Lógica de la cura y posición femenina” Introducción a la clínica lacaniana, Conferencias en España, Barcelona: RBA Libros S.A., 2018. 

 

“Se podrían buscar, a través de su obra, los elementos con los que intenta dar nombre a lo que escapa al carácter discreto del goce masculino. Por ejemplo, dijo que se trataba de un goce contiguo a él mismo.

Un goce contiguo es exactamente un goce que no viene en elementos discretos que puedan separarse unos de otros, sino que entre ellos hay tal fusión, que no puede hablarse de elementos. El resultado por tanto de la estructura del goce femenino –esa estructura que no tiene afinidad con el significante– es que no puede decirse”. (p.331) 

 

“Cuando Lacan formula que se trata de un goce que no puede decirse, es la consecuencia de la falta de afinidad entre el goce femenino y el significante.

Desde luego, ese goce se dice de otro modo. Llegado el caso, se dice por ejemplo con metáforas de olas, de invasión, de mar. […] El agua es algo que fluye, y para que venga en elementos discretos hay que tener botellas, meterla ahí, meterla en toneles. Sin eso fluye, no viene en elementos discretos”. (p.332)

 

Jacques-Alain Miller, La fuga del sentido, Buenos Aires: Paidós, 2012.

“Clase X: La antinomia entre el goce y el Otro”

 

“Pero lo que Lacan plantea es que el goce femenino constituye una excepción a este cierre autista del goce.  Incluso si ella tiene este cierre autista, también tiene otro goce. Y por ello Lacan puede decir que no hay más que el goce fálico, salvo el goce de la mujer que hace allí excepción. La mujer está a pleno en el goce fálico, pero hay algo en más, un goce del cuerpo más allá del falo. 

Si Lacan se interesó en la elaboración de la sexualidad femenina, es en la medida en que planteando el goce fálico, […] como modelo del goce, explica el hecho del Otro por la configuración especial del goce femenino, es decir que la mujer tiene profundamente relación con el Otro en el goce – y con un Otro que no es simplemente el lugar de la palabra-. En este nivel, el Otro está en el goce mismo. Es el valor que hay que dar a su proposición de que el goce femenino es radicalmente Otro. […] (p.221).

“formulas de la sexuación”

Jacques Lacan, (1971-72) El Seminario, Libro 19, …o peor, Buenos Aires: Paidós, 2012, p. 34.

“Clase II: La función Φx”

“Simplemente quiero decir que, para que yo pueda escribir Φx, hubo al comienzo del siglo xix una mutación esencial, a saber, la tentativa de aplicar esta lógica al significante matemático, del cual ya les indiqué recién que tiene un estatus especial. Eso derivó en ese modo de escritura cuyo relieve y originalidad creo que más adelante tendré tiempo de hacerles sentir, a saber, que ya no dice en absoluto lo mismo que las proposiciones que funcionan en el silogismo”.

 

Jacques Lacan, (1973-1974) “Clase del 9 de Abril de 1974” Seminario 21, Los incautos no yerran (Los nombres del padre), inédito. 

“De esto habría podido volverme algo si por cierto no pidiera un poco de esfuerzo, pero quisiera hacerles observar que esas fórmulas llamadas “cuánticas de la sexuación” podrían expresarse de otro modo, lo que quizás permitiría avanzar. Voy a darles lo que de eso se implica. Podría decirse así: “el ser sexuado no se autoriza más que por sí mismo”. En el sentido de que puede elegir, quiero decir que aquello a lo cual uno se limita, para clasificarlo varón o mujer en el estado civil, no impide que el puede elegir. Esto, por cierto, todo el mundo lo sabe. El ser sexuado no se autoriza más que por sí mismo; pero yo agregaría “y por algunos otros”.

¿Cuál es el estatuto de esos otros en este caso salvo que es en alguna parte, no digo en el lugar del otro, es en alguna parte que se trata de situar, saber donde se escriben mis fórmulas cuánticas de la sexuación? Porque diría incluso esto, y me adelanto bastante si yo no las hubiera escrito ¿sería tan verdadero que el ser sexuado no se autoriza más que por sí mismo?”.

 

Jacques Lacan, (1972-73) El seminario, Libro 20: Aun. Buenos Aires:  Paidós, 1992, p. 92.

“Clase VI: Dios y el goce ð mujer”

“Uno puede colocarse también del lado del no-todo. Hay allí hombres que están tan bien como las mujeres. Son cosas que pasan. Y no por ello deja de irles bien. A pesar, no diré de su falo, sino de lo que a guisa de falo les estorba, sienten, vislumbran la idea de que debe de haber un goce que esté más allá. Eso se llama un místico”.

 

Jacques-Alain Miller, , La fuga del sentido, Buenos Aires: Paidós, 2012.

“Clase X La antinomia entre el goce y el Otro”  

“Lacan considera como lo propio del macho el buscar el objeto a en el Otro. A este respecto dice en la página 78 de Aun: “en la medida que el objeto a desempeña en alguna parte […] el papel de lo que ocupa el lugar de la pareja que falta…” […] 

 

Por lo tanto, como lo dice Lacan en la página 105, “Lo que se vio, aunque sólo por el lado del hombre, es que tiene que vérselas con el objeto a”, de tal forma que piensa realizar la relación sexual, y que en definitiva eso no desemboca sino en el fantasma. Del lado mujer, la relación que está indicada allí no es muy diferente de esta. […] A este respecto, podemos decir que este goce es de orden perverso en la medida que se opera una reducción del Otro al objeto a. En ese nivel se introduce lo que Lacan llama el famoso goce suplementario de la mujer, este goce que no es perverso, sino loco y enigmático. Esto consiste esencialmente en tratar de mostrar una paradoja, que este goce tiene relación en sí mismo con la instancia del Otro. Quiere decir que no es un goce del Uno cerrado”. (pp.220-221)

 

Jacques-Alain Miller, “¿Qué es lo real?”, Mediodicho 45 La pesadilla, Córdoba: Publicación de la EOL Sección Córdoba, 2019.

“Cuando Lacan recurre a las escrituras lógicas para explicar cómo se sexualiza el ser masculino plantea que todos los que dicen pertenecer al lado masculino caen bajo el golpe de la castración […] Del lado del hombre eso marcha de ese modo: hay prohibición y permiso diferido. “Para todo x, fi de x”. 

Pero esa totalidad es al mismo tiempo relativa al horizonte donde hay la imaginación de un al-menos-uno que no pasaría por la castración. “Existe un x para quién no fi de x”. (pp.26-27)

“Pero en lo que concierne a la sexuación de la mujer no ha escrito frente a la fórmula de la sexuación masculina un “para todo x, no fi de x”, lo que equivaldría a decir que las mujeres, todas, escaparían a la castración (…) 

Lo que Lacan escribió es mucho más sutil. El trazo de negación lo escribe encima de A invertida. En la mujer, la negación concierne al “para todo x”, no todo de “ella” está dentro de la castración; hay algo que escapa a la castración. 

Esta es una escritura mucho más fuerte que escribir simplemente lo contrario de la sexuación masculina, ”para todo x, no fi de x”, porque entonces estaríamos en una lógica puramente binaria y, de ese modo, al ser su imagen invertida, la mujer sería complementaria del hombre. Mientras que con Lacan está estrictamente “desimetrizado”: hay algo que, en la mujer, no está capturado por la castración. Eso es lo que Lacan escribió de un modo que ha podido sorprender cuando dijo que es de ese lado que se aloja lo que hace al misterio del goce femenino. 

Ese es el continente que Lacan ha explorado, el continente del goce femenino; lo ha puesto en evidencia, lo ha pregonado. Pero hay que decir que más adelante, en su “muy última enseñanza”, al explorar el más allá del Edipo, no reserva más ese más allá para sólo beneficio de la mujer”. (pp. 27-28)