35 Jornadas Anuales de la EOL. 21/22 Noviembre 2026. UBA Económicas

Las 35J

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35°. Jornadas anuales de la EOL

“Dialéctica del desengaño: en la clínica y en la cultura”

Directoras

Paula Husni
Liliana Zaremsky

Cartel epistémico

Fabián Naparstek
Elena Levy Yeyati
Paula Szabo
Paula Husni
Liliana Zaremsky

Argumento

Interrogantes sobre la clínica en la época
de la inconsistencia del Otro

¿Quién se analiza hoy? ¿Quiénes son los que van al análisis en el siglo XXI? ¿Los nostálgicos? ¿Cómo pueden servirse de la transferencia los que nunca han creído en el padre o investido sus distintos mitos? ¿Cómo sostienen una demanda de análisis aquellos que tienen dificultad para sostener su propio deseo en la vida?[1]

Quizás no sean solo los nostálgicos, sino también aquellos que experimentan una forma particular de desengaño: sujetos que ya no creen en los ideales, en el Otro, en el amor como complemento del ser, en las identificaciones o en los tratamientos sobre lo real del cuerpo que pretenden erradicar la perturbación de un goce siempre parasitario. En este punto, el sujeto llega al análisis desengañado de sus propios inventos para suplir la inexistencia de la relación sexual.

La cura como progreso dialéctico

En su “Intervención sobre la transferencia”,[2] Lacan realiza una lectura crítica del caso Dora y cuestiona tanto el manejo transferencial de Freud como la noción de contratransferencia.

Miller[3] señala que la posición de Lacan respecto de la transferencia podría leerse, paradójicamente, como una intervención contra la transferencia misma, en la medida en que esta puede constituirse en un obstáculo si se concibe la cura como un progreso dialéctico. Pero Lacan, más fenomenólogo que freudiano, concebía el análisis como “un movimiento dialéctico prosiguiendo las leyes de la verdad”.[4]

La dialéctica implica darle un lugar al Otro y, al mismo tiempo, reconocer que lo que ocurre en el Otro no está separado de uno mismo. Por tanto, “conduce a pensar una unidad que no es fusión, ni reconocimiento, ni comunidad, pero que, desde cierto ángulo supera la división, la separación y la ignorancia”.[5]

La transferencia se sostiene en esa lógica. El analizante supone un saber en el analista y esa suposición pone en marcha el dispositivo analítico. Sujeto Supuesto Saber: ficción necesaria para que el análisis funcione.

Hay entonces un cierto engaño estructural en la transferencia. Pero, se trata de un engaño útil y necesario.

El análisis se sostiene así en una tensión entre engaño y desengaño.

Los avatares de una carencia

Unos años después, Lacan propone que un análisis no conduce a un progreso ideal,[6] programado o estándar del saber que se extraería de su experiencia, como lo sugiere el movimiento dialéctico, sino que pone de relieve las distintas mutaciones, variaciones y metamorfosis de una falta estructural.

La clínica de las neurosis lo demuestra en los avatares del síntoma, en las transformaciones del fantasma, en la caída de las identificaciones ideales y en la circunscripción de un lugar para el objeto a, todo ello bajo transferencia.

Freud llamó a estas formaciones “neurosis de transferencia”, acepción ambigua que permite una pregunta decisiva: la neurosis, ¿se cura o se causa por la transferencia?

Cuando un análisis avanza, atraviesa los desengaños y desilusiones de las verdades mentirosas. Ese es el desengaño que Lacan practicó.[7]

Un punto neurálgico permitirá leer la estructura, ese resorte que sostiene la experiencia del sujeto en análisis, su singularidad radical, su diferencia absoluta, su sin igual. Esa es la garantía de que, en el caso, se roza un núcleo real.

Pero, también podemos encontrarnos en los análisis con sujetos que están encantados con el inconsciente, con los sueños, con el sentido. Se trata de un horizonte que brinda cierto brillo de eternidad al dispositivo analítico, la vertiente interminable. ¿Cómo pensar desde esta perspectiva intervenciones analíticas que introduzcan un corte, un cierto desengaño?

El analista también está atravesado por el desengaño frente a la “futilidad de su saber/conocimiento” [8] y opera en ese filo desde su propio desengaño. No es su ser el soporte de la operación analítica; el lugar del semblante es también un modo de pensar el engaño en el dispositivo analítico. Desde esta lógica, es posible introducir, como soporte de la intervención analítica, la contingencia, el tacto de la oportunidad.[9]

En efecto, según Miller, la enseñanza de Lacan “desemboca en un cierto apaciguamiento de la pasión por la verdad. Apaciguamiento y también desencanto, el desencanto que afecta a aquel que pasó más allá del espejo de las apariencias, y que los españoles del Siglo de oro llamaron el desengaño”.[10]

La transferencia puesta en cuestión
– “faire vrai”

¿Cómo hacerse partenaire de los desengañados de la palabra?

Cuando todo puede decirse porque la palabra no genera nada, es libre, circula, se multiplica, se consume y no tiene consecuencias, ¿cómo opera la interpretación? ¿Qué lugar para el analista? “Quizás convenga pensar nuestra práctica a partir de las locuras, allí donde no podemos apoyarnos en el Nombre del Padre”.[11] Dado que el sujeto ya no es abordado a partir del Otro, el estatuto mismo de la transferencia es puesto en cuestión.

Lacan introduce una perspectiva que difiere de la transferencia pensada desde la neurosis.[12] Si en la neurosis la causa se recorta en la travesía del fantasma, en las locuras se trata de una invención sobre la lengua capaz de localizar, o al menos circunscribir, el goce. No hay despliegue de sentido, sino tratamiento de sus restos.

La presencia del analista asegura allí la función que Lacan llama “faire vrai”, expresión francesa que significa “parecer real”, “parecer auténtico” o “tener un aspecto natural”. Se utiliza comúnmente para describir algo (una imitación, una actuación, una decoración, una fotografía) que está tan bien hecho que engaña al ojo o parece verdadero, aunque no lo sea. Resume bien la idea del semblante; hacer que lo dicho, incluso las equivocaciones, parezcan verdaderas, auténticas, y que la llamada asociación libre no sea un desperdicio.

El analista ocupa el lugar de un semblante de objeto que interpela haciendo hablar, sin evaluar, sin medir, sin reiterar la exigencia de excepcionalidad en el rendimiento. Más bien, encarna una presencia que hace posible otra relación con el decir y con el goce.

La ansiedad contemporánea ya no es la angustia de la división subjetiva. Muchas veces se trata de vacío, desconexión o fragilidad narcisística.

Entonces, surgen otras preguntas: ¿qué ocurre cuando el síntoma no articula una pregunta por el sentido?, ¿cómo se engendra al Otro como lugar si su inconsistencia lo hace colapsar?, ¿cómo opera el engaño allí cuando el vacío y la fragilidad narcisista vuelven rápidamente obsoletos los objetos?

El desengaño y el final del análisis

El final del análisis no conduce a una posición de pureza respecto del engaño. Lacan advertía: “los desengañados se engañan”.[13] Es decir que no hay posición completamente exterior al semblante.

El final del análisis implica, en realidad, otra relación con aquello que inevitablemente engaña, al mismo tiempo que propicia la emergencia de lo que no engaña una vez que se cierne lo que hay del goce.

Caída la suposición de saber, el sujeto puede asumir de otro modo su relación con el goce, con el síntoma y con las ficciones necesarias para vivir.

¿Cómo concluyen los análisis desde la perspectiva del engaño/desengaño? ¿En qué deviene la creencia al final de un análisis, qué formas adopta? ¿Qué sesgos puede tomar la increencia al final?

El desengaño en la cultura

El empuje al goce de la época, que ubica el objeto a en el cenit de la civilización, reordena el discurso, invalidando el lugar de los emblemas del padre. El objeto a los sustituye por ese goce al que el significante amo otorga un lugar, pero frente al cual se muestra impotente tanto para exigirlo como para localizarlo. Ya no se confía en quien ostenta galones, “porque se sospecha que tienen algo que ocultar”.[14]

Frente a la lógica de la sospecha que introduce la época, un nuevo par se perfila: “la medicina muda y las terapias habladoras”.[15] Estas pueden llegar a entenderse, ignorarse o, incluso, ensamblarse.

La medicina muda es una práctica que funda su saber en lo real, amalgamando organismo y cuerpo, silenciando el misterio del cuerpo hablante. Por otro lado, las terapias habladoras se sostienen en una práctica que debe arreglárselas con la verdad y la mentira.

El psicoanálisis podrá diferenciarse de otras terapias alternativas habladoras, en tanto se oriente por el punto de real en el lenguaje, perspectiva que permite tocar el sinsentido; es el único dispositivo cuyo real toca lo real.[16]

En efecto, si “en psicoanálisis, el saber esencial se transmite como verdad en la experiencia misma”, “frente a la futilidad de un saber-conocimiento” [17] convocamos a los colegas a presentar dicha experiencia en el marco de nuestras próximas Jornadas.

El desafío del analista en la época consistirá en sostener una operación en el filo cortante de la verdad.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  1. [1] Miller, J.-A., (2000-2001) El lugar y el lazo. Curso de la orientación lacaniana, Buenos Aires, Escuela de la Orientación Lacaniana-Instituto Clínico de Buenos Aires, pp. 33-34.
  2. [2] Lacan, J., (1951) “Intervención sobre la transferencia”, Escritos 1, Buenos Aires, Siglo XXI Editores, 2008.
  3. [3] Miller, J.-A., (2001-2002) clase XIV “Retorno a Lacan”, 27 de marzo de 2002, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
  4. [4] Lacan, J., “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1, op. cit., p. 227.
  5. [5] Miller, J.-A., (2001-2002) clase II “La brecha entre teoría y práctica”, 21 de noviembre de 2001, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
  6. [6] Lacan, J., (1960) “Posición del inconsciente”, Escritos 2, Buenos Aires, Siglo veintiuno Editores, 2008, p. 207.
  7. [7] Miller, J.-A., (2001-2002) clase III “Lo simbólico en lo real”, 29 de noviembre de 2001, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
  8. [8] Miller, J.-A., (2001-2002) clase I “Identidad del psicoanálisis”, 14 de noviembre de 2001, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Ares, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
  9. [9] Ibid. “Más que el desencanto del psicoanálisis, preferiría como título para este curso un verso del abate Delille que encontré en el Robert: ‘Le tact de l’à-propos’ [El tacto de la oportunidad]”.
  10. [10] Miller, J.-A., “Lacan que enseña”, en Brodsky, G., Los psicoanalistas y el deseo de enseñar, Buenos Aires, Grama Ediciones, 2023.
  11. [11] Laurent E. “Disrupción del goce en las locuras bajo transferencia”, Virtualia, n.º 36, 2019 [en línea], www.revistavirtualia.com/articulos/818/destacado/disrupcion-del-goce-en-las-locuras-bajo-transferencia
  12. [12] Lacan, J., Le Séminaire: L’insu que sait de l’une-bévue sáile à mourre, 17 de mayo de 1977, Ornicar?, n.º 17-18, París, Navarin, 1979, pp. 20-21.
  13. [13] Lacan, J., Seminario 21, “Los no incautos yerran”. Inédito.
  14. [14] Miller, J.-A., (2001-2002) apartado “Régimen de inconsistencia”, clase VI “Reflexiones sobre el momento actual 1”, 16 de enero de 2002, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
  15. [15] Miller, J.-A., (2001-2002) clase IV “El caso clínico”, 5 de diciembre de 2001, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
  16. [16] Miller, J.-A., (2001-2002) clase VI “Reflexiones sobre el momento actual 1”, 16 de enero de 2002, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
  17. [17] Miller, J.-A., (2001-2002) clase III “Lo simbólico en lo real”, 29 de noviembre de 2001, Los desencantados del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós. Curso de la Orientación lacaniana de próxima aparición.
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